diumenge, 4 de desembre de 2016

¿Cómo murió mi madre? Capítulo 6. ¡Qué señora! ¿Ya no dice tonterías como anoche?

Entre ictus e ictus pasaron 10 días. 8 de ellos en Valencia. Los 8 días que no aparecen en los informes.

Vimos pasar el tiempo. Pedimos neurólogos para mi madre, un TAC, un algo. No llego nada. 

Nosotros lo pedimos a la supervisora de planta, al jefe de sección, etc. Mi padre lo pedía a los médicos, en especial a uno. A este médico lo llamaremos el Doctor M.

Yo conocí poco a dicho doctor, pero el día del segundo ictus me marcó: 
Era por la mañana cuando el llegó, nosotros estábamos en la habitación y entonces apareció cual centella, se puso a la altura de los ojos de mi madre, que estaba sentada en una butaca y le dijo: "¡Qué señora! ¿Ya no dice tonterías como anoche?" Creo que también dijo gilipolleces, pero como me puede fallar la memoria, no lo puedo afirmar. Después valoró con una enfermera la hinchazón de piernas de mi madre, pero descartaron hacer nada porqué nosotros ya le hacíamos masajes. Tras ello, marcharon de la habitación. Todo esto después de que empeorará la noche anterior. Sí, esa noche en la que mi padre se sintió desasistido. 

¿Os imagináis como nos sentó? ¿Tonterías? Tonterías dicen los tontos, no ella. Ella, en todo caso deliraría. Por ello no nos gustó ni el tono, ni la actuación, pero tragamos. No, no entendimos lo de las tonterías... debe de ser algo que le explicaron en la facultad o parte del temario de oposición a médico.

Poco antes le habían cambiado las vías a mi madre, tras 11 días y no pude aguantar ver tanto hurgar las venas a mi madre por 3 ó 4 puntos diferentes. No puede aguantar tanto rato. Pero bueno, esa tortura ya es una menudez más en nuestra historia, salvo que ese sufrimiento tenga relación con el ictus, y eso es algo que no se puede demostrar. Pero sí, mi madre sufrió, como sufrió en Castellón con la endoscopia horas antes del primer ictus.

Llegó la hora de comer y mientras comía mi madre entró en parada cardiorrespiratoria. Entonces dimos la voz de alerta y la reanimaron. No había pasado mucho tiempo desde la visita del médico, pero claro ¡Si mi madre estaba bien! ¿Cómo ha podido pasar? ¡Sí caminaba y todo! (Expresiones que oímos a médicos y cirujanos). 

La reanimación fue un poco caótica, supongo que por los nervios: sanitarios corriendo, gente que llega sin guantes y se va a por guantes, enfermeras chocando entre ellas. Objetos necesarios que no aparecen. Las cosas se piden a gritos de unos a otros, su busca por los cajones... parece que no hay orden. De hecho, de haber sido parte de una película habría sido algo cómico. De hecho, dos sanitarios salieron de la habitación de mi madre a carcajada limpia delante de nuestras narices. No sería por la reanimación, pero no conocen el tacto.

Bien, mi madre es reanimada y es llevada a la Unidad de Reanimación. De camino, de la habitación a dicha unidad el Doctor M. se para y nos mira. Nos habla: "Se le realizará un TAC esta tarde, pero no es urgente, cuando la he reanimado movía brazos y piernas". En ese camino, cierto es, el doctor le dice que mire a su familia y mi madre nos mira. Le sonrío, se la llevan.

Al cabo de unas horas, la hemorragia era severa y podría tener un desenlace catastrófico. De hecho, nos dijeron que tuviéramos el teléfono cerca por lo que pudiera pasar.

A partir de ese momento, mi madre empezó a ser prioritaria. De hecho, al día siguiente, después del parte, llegó la reunión de la que hablo en el Capítulo 1. Esa en la que nos dice el cirujano que la operación había sido un éxito. La misma en la que nos dijeron que de haber necesitado otro TAC debería de haber sido hecho en Castellón. La misma en la que nos explicaron que los ictus eran impredecibles, que no se podría haber hecho más, que el TAC que no se hizo no hubiera valido de nada, etc.

Curiosamente, el 28 de octubre, estando mi madre en reanimación el Hospital General Universitario de Valencia celebró el Día Mundial del Ictus y esos neurólogos que no hicieron nada por nosotros se lanzaron a intentar prevenir el ictus de cualquiera que quisiera ser atendido.

Es decir, unos días antes se pasó de nuestras peticiones. Ese día hacían valoraciones a cualquiera que lo pidiera. Me sentí insultado. Unos días antes no se podía intuir el ictus de mi madre, unos días después se antendía a cualquiera. Según parte del hospital el ictus no se puede prevenir, otra parte del hospital hace pruebas preventivas.


Tal vez tengan una unidad de control del ictus brutal, pero en todo el tiempo que estuvimos allí no vimos ningún neurólogo, aunque se dice que existen. De hecho, casi un mes después el jefe de anestesistas de la Unidad de Reanimación, en mitad de la lectura del parte del día 28 de noviembre (Día Mundial del Ictus) nos dijo que algunas de las cuestiones que planteábamos se las deberíamos de plantear a un neurólogo. No lo duden, me cogieron ganas de aplaudir.

Un par de notas para acabar por hoy:
  • La gente se pregunta si es verdad lo que cuento. Comprended que debo de ser muy cauto, sé que el HGUV me sigue en twitter. 
  • Mi padre pidió en Valencia los informes de mi madre y su protocolo en caso de ictus. Además de faltar la información de esos 8 días, "no nos han podido facilitar su propio protocolo de ictus".
  • No dudéis que hablaré de los buenos, que los hay.
Seguiré.